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Personajes
La sucesión Vestuti |
Fotografías, planos y por supuesto muebles forman parte de esta exposición que estará abierta hasta finales del mes de octubre en el Centro Cultural Chacao de Caracas. Bajo la curaduría del arquitecto Enrique Fernández-Shaw, esta muestra se planteó entre sus objetivos el hacer evidente la articulación existente entre el trabajo del diseñador estadounidense y profesor Emile Vestuti y los carpinteros y artesanos de Quibor en el estado Lara. Conozca cómo, en un ejercicio muy íntimo, este diseñador se aproximó a las tradiciones de un país para rescatarlas e interpretarlas, a fin de completar un ciclo creativo que derivó en un verdadero aporte a la historia del mobiliario venezolano. Tras siete años de trabajo, de recopilar información documental (incluyendo varios viajes a Quibor) y luego de múltiples análisis a partir de la observación, el arquitecto Enrique Fernández-Shaw decidió exponer un aprendizaje que “casualmente” inició en su época de estudiante universitario. Años atrás, el destino hizo que el aquel joven aprendiz fuera vecino y posteriormente sobrino político de Emile Vestuti, arquitecto y diseñador nacido y formado en los Estados Unidos, que vivió además gran parte de su vida en Venezuela, país donde dejó un importante legado que fue incluso más allá de su trabajo creativo individual. Fernández Shaw nunca dudó en aprovechar la inmensa biblioteca que Vestuti le ofreció a comienzos de su carrera; mucho menos en seguir los pasos de un hombre al que admiró por su metodología de trabajo y su rigurosidad en el diseño; y aunque su contacto personal con el extranjero fue escaso, los libros se encargaron de hacer el resto. Hoy, también convertido en profesor, creó esta especie de “biografía ilustrada” de Vestuti, que rescata cerca de 30 diseños de muebles, entre ellos toda una línea de mecedoras, dentro de las que destacan las famosas Silla 143, la 281 y la cómoda silla IVIC. ¿Cómo comenzó esta sucesión? El fenómeno tiene que ver con la incorporación de nombres como Jorge Ribas, Rudolf Stejskal y el mismo Vestuti a Casa Curuba, un gran punto de encuentro que se asentó en Quibor (Estado Lara) y que congregó un importante número de carpinteros, talladores y ebanistas locales, que poco a poco se fueron adiestrando en la creación de muebles. La carpintería como tal abrió en 1990, luego de unos tres años de trabajo. Tras la apertura y por supuesto si miramos retrospectivamente 20 años después, ha sido evidente el crecimiento en el entrenamiento, la capacidad de desarrollo, y las técnicas empleadas. Eso es lo que llamo una sucesión que nació de la herencia de los venezolanos, que tomó las sugerencias de Vestuti y de otros, para luego crear una nueva pieza que en definitiva contribuyó al discurso proyectual del mobiliario nacional. Lo más interesante de la obra de quien inspiró la muestra, fue la manera como se acercó a lo que localmente se producía, es decir su proceso de “interpretación y creación”. Se hacen evidentes además los cambios en la mano de obra. Vestuti siempre fue poco a poco, de hecho una de sus últimas piezas incorpora los torneados, pero fue en ese momento y sólo hasta cuando los carpinteros fueron capaces de hacer ese tipo de acabados. ¿Hay influencias europeas o norteamericanas dentro del trabajo de Vestuti? El nació y estudió en EEUU, vino a Venezuela en el año 1949, estuvo en Milán, siempre en contacto con las tendencias mundiales. Era una persona muy sensible y detallista, la información siempre estuvo a su alcance. Sin duda iba palpando de sus “hogares” la condición de cada uno de los espacios, siempre tratando de afiliarse lo más posible y de rescatar lo tradicional. ¿Qué le ha comentado la gente sobre la exposición? Han sido comentarios muy agradables, sobre todo hacia la relación mueble tradicional y el trabajo del diseñador. La gente se da cuenta de que hay unos atributos que son significativos y han servido como precedente para lo que se hizo después; además han celebrado la museografía. Vestuti mantuvo muy bajo perfil, su trabajo no es muy reconocido ni internacional ni nacionalmente. Se conoce un poco más en los círculos académicos, incluso por haber donado su biblioteca a la Universidad Simón Bolívar, de donde se jubiló como docente. Y la idea también es dar a conocer la posibilidad que existe de interpretar la tradición y de generar desarrollo a partir de ésta. ¿Cuántas sillas de Vestuti tiene en casa? Ni una sola, las circunstancias no me han hecho tener una, aunque siempre estuvieron próximas. En casa de mis padres hay dos mesas de él, pero tampoco tienen una silla. ¿Cómo fue el trabajo curatorial? Fue todo como una especie de constelación en la que gira por un lado el tema de la madera, por otro la relación con los productores artesanos, y por otro los propios diseños de Vestuti. Todo de alguna manera va concatenándose, en una situación de contigüidad que pone en evidencia que entre uno y otro mueble hay un vínculo, unos pasos, y eso se ve reflejado en la incorporación de iconos dentro de la exhibición. El diseño de mobiliario es un tema muy exigente, porque apenas se modifica una pequeña pieza se modifica todo. Ese contacto del cuerpo con el objeto, la ergonomía necesaria, los detalles, las curvas, los empalmes, los cambios de colores o cortes; esa conjunción en el todo es importante, por ello quise hacer énfasis y un llamado de atención en los detalles que otorgan el verdadero valor y la diferencia en cada mueble. También dentro del discurso me pareció importante hacer algunas menciones de mobiliarios que si bien no tuvieron una conexión directa con el trabajo de Vestuti, sí evidencian una evolución del mobiliario que vale la pena destacar. “Sentados en una tradición; las mecedoras Vestuti, origen y evolución” |
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TEXTO:
Marienmma Ramos FOTOS: |
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