Auckland
Una villa victoriana
TEXTO:
Doménico de Vincentis

FOTOS:
Cortesía del autor

ARQUITECTURA:
Jeoff Wallace
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Diseño y concepto:
Murray Thompson
Arquitectura:
Arq. Jeoff Wallace
Asesoría Patrimonial y Artistica:
Arq. Jeremy Ashford - Auckland City Council
Paisajismo:
Paul Rodgers
Iluminación:
Modus Lighting (NZ), Tasman Light (Australia)
La arquitectura residencial de Auckland esta muy marcada por los estilos ingleses de finales del siglo XIX, coincidiendo con el auge de la construcción que entonces definió buena parte de su imagen actual. Esta vivienda data de 1880, está ubicada en Ponsonby, colina cercana al centro de la ciudad, y originalmente fue construida para la clase obrera, lo que explica sus reducidas dimensiones: apenas cinco metros de ancho, diez de largo y sin fachadas laterales. Su tipología y sus detalles decorativos corresponden a las llamadas “Villas Victorianas”, por más que se trate de una vivienda modesta.
Toda la zona fue un área muy degradada hasta 1980, cuando los decretos de preservación historica más la espectacular ubicación, muy cercana al renovado puerto y al distrito financiero, la revalorizaron en poco tiempo. Hoy es uno de los sectores residenciales más apetecidos donde conviven renovadas viviendas antiguas con cafés de moda y tiendas de vanguardia.
La remodelación corrió por cuenta de su propietario, el diseñador Murray Thompson, conocido por su estilo limpio y su gran cuidado por los detalles. La obligatoria conservación de las fachadas y alturas, protegidas por decreto, fue contrastada con un sobrio interior contemporáneo, con pocos muebles y objetos sobre tonos suaves como fondo. La paleta de colores trabaja con estudiados marrones y beiges en armonía con detalles en aluminio mate, más el contenido toque de color rojizo de dos poltronas en cuero perforado, diseñadas por el propietario. Obras de arte neozelandesas y australianas completan el ambiente.
La necesidad de estacionamiento obligó a eliminar el jardin frontal, sustituído por un pavimento vaciado de piedra volcánica, en armonía con la fachada. En compensación el jardín posterior fue resuelto a dos niveles y con gran dinamismo, trabajado con diagonales asimétricas. Tres nichos verticales, de gusto minimal, contienen una cortina de agua sobre un fondo de baldosines venecianos, motivo que se reproduce en la parte alta del jardín a manera de escultura, como punto focal del mismo.
Gran atención fue prestada a la iluminación, resuelta con largos nichos en el cieloraso y una serie de reflectores halógenos de gran versatilidad, complementados con la luz indirecta de apliques de pared en aluminio y en chapa de madera curvada. El efecto es dramático e íntimo a la vez.
Este proyecto recibió un premio especial en la última edición del New Zealand Lighting Awards y ha sido reseñado en numerosas publicaciones locales.

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