Texto: Arq. Doménico De Vincentis

La iluminación monumental de arquitecturas y espacios públicos es un hecho raro en Venezuela.
Son pocos los proyectos realizados, y muchos de estos sólo permanecieron por un breve tiempo,
apagados luego por las administraciones posteriores, tanto públicas como privadas. Las razones
han sido siempre de orden económico, sumadas a la ausencia de una cultura del mantenimiento
y de valoración del paisaje.
Iluminar cualquier elemento urbano de grandes proporciones implica grandes costos de inversión.
Se requieren elaboradas instalaciones eléctricas y equipos de comprobada calidad, que resistan las
inclemencias del trópico, y que además tengan una elevada eficiencia lumínica. La noche es una gran
absorbente de luz y para que una fachada sea visible a distancia se requieren luminancias altas, con
una buena cantidad de reflectores que ocasionan casi siempre un alto consumo eléctrico y un gasto
considerable en reposición de bombillos y en personal de mantenimiento.
No siempre fue así: en los años cincuenta Venezuela fue país de vanguardia en estos asuntos. Fue
de los primeros en adoptar la entonces novedosa tecnología del vapor de mercurio para el alumbrado
público, exhibida con abundancia en las nuevas obras de la época. La espléndida iluminación de los
túneles en la autopista Caracas-La Guaira, con aquellos hilos de tubos fluorescentes que acompañaban
las sinuosas curvas, fue premiada en varios países por la perfección de su diseño. Las relucientes fachadas
gemelas del Centro Simón Bolívar, destacadas con potentes focos, podían ser vistas a gran distancia, como
correspondía al nuevo símbolo de la ciudad, al igual que el Hotel Humboldt sobre el Cerro Ávila. La gran
fuente de la Plaza Venezuela mostraba su espectáculo intermitente de luz y agua, teniendo como fondo las
iluminadas fachadas azules de la Torre Polar, coronada con el característico letrero de neón que sobrevivió
intacto hasta el día de hoy. Caracas llegó a figurar, en la década del sesenta, entre las ciudades mejor
iluminadas del mundo.
En esos tiempos, de bonanza económica y electricidad barata, el país quiso ser moderno y la capital quiso
ser metrópoli, luego la iluminación monumental era viable e incluso necesaria. Con los años, y las sucesivas
crisis económicas, se perdió no solo esa conciencia, sino incluso la posibilidad de plantear la luz como
complemento del hecho arquitectónico. Hoy muchas avenidas sobreviven a oscuras, y casi ningún edificio
importante de la ciudad puede apreciarse de noche, al igual que un gran patrimonio de obras de arte
que embellecen no pocas plazas y paseos.
La iluminación monumental vive en todo el mundo un tiempo de auge, es un fenómeno propio de la vida urbana
y constituye un valor agregado que añade calidad de vida a nuestro cotidiano. Permite que las ciudades se vivan
de noche, posibilitando una lectura estimulante del paisaje mediante la identificación de sus hitos, que pasan
a funcionar como imágenes de identidad. Además contribuye a mejorar los niveles de seguridad y a potenciar
el turismo.
Sorprende descubrir que, en momentos que parecen adversos, se hayan multiplicado las iniciativas de esta índole
en nuestro país: las obras que aquí reseñamos, bien diferentes entre sí y con variados conceptos, son una clara muestra
de ello. Algunas pueden parecernos más acertadas que otras, pero en estos tiempos de oscuridad y apagones todas
resultan muy bienvenidas, las hermana el deseo de brindarnos un mayor disfrute visual y una valorización de un entorno
cada vez más inhóspito. Esto es lo más importante.
La calidad de vida de nuestras ciudades no se logra sólo con buena iluminación. Antes necesitamos, entre otras cosas,
más viviendas dignas, mejores espacios para caminar y circular, servicios eficientes y una actitud más considerada hacia
el prójimo. Sin embargo, si en el camino logramos un paisaje de edificios y monumentos mejor iluminados, es como para
alegrase: significa que algo vamos ganando.
Proyectos de iluminación destacados:
Puente Sobre el Lago de Maracibo
Torre La Castellana
Mural "Conductores de Venezuela"
Fachada Norte Sambil Caracas



